viernes, noviembre 24, 2006

And the Oscar goes to...

Permitidme presentaros a la actriz protagonista de este humilde blog. Para preservar su derecho a la intimidad y evitar el típico martilleo de la ya consabida frase "nene que haces???" la llamaremos... mmmmmm ... La Sargenta! En principio la elección se decantaba por Woman Proper, pero dejaremos tal honor para la actriz secundaria de este blog, mi cuñada. La conoceréis sin duda en capítulos posteriores.

La Sargenta nació en Bobadilla-Estación, un pueblo de estos en los que si cayerá una bomba atómica, nadie lo notaría. Perdido de la manos de Dios, ofrece múltiples entretenimientos al turista aventurado. Una Iglesia, una fabrica de cementos y el Bar de Paco, con Paco y sus amigos. Tener que coger el coche para poder tomar un simple café donde no te pongan sillas de Coca-Cola no tiene precio. De Paco & Cia. ya hablaremos otro dia, tan solo adelantar que tengo la sospecha de que son X-Men, una raza mutante a los que la evolución les ha dotado de un don. Una aleación de metal saturniano cubre su aparato digestivo, lo que les permite ingerir alcohol en cantidades industriales. A veces dudo si Paco realmente es camarero o mayorista de la casa DYC.

La Sargenta vivió su infancia en aquel singular entorno, saltando a la comba y a 100 km. del Spectrum 48k mas cercano. El otro dia estaba liado con el Mame (emulador de juegos de maquinitas recreativas) y jugando al comecocos de toda la vida. Se acerco, se puso a mi lado, contempló la pantalla durante 30 segundos y me dijo:

- ¿Estás jugando?

-Pues sí - Respondí mientras esquivaba fantasmas.

Al rato preguntó:

- ¿Y tu quién eres?

Cágate lorito y pedalea. Curiosidad e inocencia, dos características de La Sargenta. Tiene mas, no tan angelicales, no os creais...

Finalmente, comenzó a estudiar en Málaga capital, y allí nos conocimos. Ella parecía tan dulce, parecía tan bondadosa, parecía tan complaciente... sí, parecía. Sus ojos verdes y su trasero me distraían lo justo para no darme cuenta de lo que se avecinaría años más tarde. Es increible lo gilipollas que somos los hombres a veces, cuando tenemos la verdad delante y no queremos verla. Tened en cuenta que también tiene sus virtudes, uno es gilipollas pero no masoquista.

Y bueno, desde hace unos meses vivimos juntos. El campo de batalla es un pequeño ático alquilado cerca del centro de Málaga. Ella es allí el General Custer del Séptimo de Caballería y yo un pobre indio Cheyenne. Ella lleva un rifle y yo un tomahawk. Ella persigue y yo huyo. Afortunadamente tengo mi pequeño e infranqueable Territorio Comanche, una habitación con mi ordenador, mi camita para ver mis pelis y un cerrojo que puso algún visionario del futuro, que vaticinó mi llegada y sabría que lo necesitaría. Gracias Rappel boquerón.

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