Sí, soy flojo de cojones para esto de los blogs. Me tomé un descanso por vacaciones y aquí estoy tres meses después. Olé mi polla y lo que cuelga de ella.
En fín, en cuanto me ponga al día en unos asuntillos actualizo esto, más que nada por amor propio.
Saludos.
miércoles, noviembre 07, 2007
viernes, julio 06, 2007
viernes, junio 22, 2007
viernes, junio 08, 2007
Padel. Tiembla Aznar, tiembla...
Aprovechando la estancia de otra de mis cuñadas en las cercanías de mi feudo, que a la par supone largas tertulias entre las féminas del clan familiar de La Sargenta en las cuales me niego a ejercer de moderador y mucho menos de mero espectador, me he aficionado al padel.
Resulta que mi amigo River tiene un piso la mar de majo en una próspera urbanización, con su piscinita, su recinto cerrado, su trastero, su garaje, su hipóteca a 30 años y su pista de padel. Así que para hacerle rentable el pago de la comunidad, me he ofrecido junto al Osito Filósofo y Job como compañero de juego.
Y allí estábamos, uno con el chandal de los 80, otro con un polo caballito incorporado, otro con medio Decarton en lo alto y servidor en bañador azul y calcetines marrones. Era hora de quitarle óxido a nuestras rótulas. He de reconocer que en principio me temía lo peor, pero a la larga no fue así. Encima es divertido. Ver correr hacia una dejada a River rojo como un tomate tiene su chicha. Por otra parte, tiene su peligro, sobre todo si has jugado al tenis antes. Una bola larga, por inercia, te puede hacer pegar tu carrerita hacia la linea de fondo. Pero aquí no hay fondo, aquí en el mejor de los casos hay una pared de metraquilato. Fue el caso de Job. Aún está marcado su hombro derecho del chochazo que metió. Algo mas abajo se vislumbra parte de su cadera.
Trás el toque de control de las 20:30 de nuestras nunca bien veneradas parientas, había que reponer las sales minerales perdidas en la faena. Así que acudimos a la llamada de la cerveza. Después de eso, el catre me esperaba con los brazos abiertos.
Espero que con esto no se me pegue el acento del Nadal.
Resulta que mi amigo River tiene un piso la mar de majo en una próspera urbanización, con su piscinita, su recinto cerrado, su trastero, su garaje, su hipóteca a 30 años y su pista de padel. Así que para hacerle rentable el pago de la comunidad, me he ofrecido junto al Osito Filósofo y Job como compañero de juego.
Y allí estábamos, uno con el chandal de los 80, otro con un polo caballito incorporado, otro con medio Decarton en lo alto y servidor en bañador azul y calcetines marrones. Era hora de quitarle óxido a nuestras rótulas. He de reconocer que en principio me temía lo peor, pero a la larga no fue así. Encima es divertido. Ver correr hacia una dejada a River rojo como un tomate tiene su chicha. Por otra parte, tiene su peligro, sobre todo si has jugado al tenis antes. Una bola larga, por inercia, te puede hacer pegar tu carrerita hacia la linea de fondo. Pero aquí no hay fondo, aquí en el mejor de los casos hay una pared de metraquilato. Fue el caso de Job. Aún está marcado su hombro derecho del chochazo que metió. Algo mas abajo se vislumbra parte de su cadera.
Trás el toque de control de las 20:30 de nuestras nunca bien veneradas parientas, había que reponer las sales minerales perdidas en la faena. Así que acudimos a la llamada de la cerveza. Después de eso, el catre me esperaba con los brazos abiertos.
Espero que con esto no se me pegue el acento del Nadal.
martes, mayo 08, 2007
Los Sin Carrito
No es por nada, pero me considero un buen amigo de mis amigos. Igual el hecho de no tener hermanos me hizo buscar ese desconocido cariño en otras personas (dios, que cursi me pongo a veces). Si que tengo una hermana, maravillosa por cierto, aunque lo único que tenemos en común sean nuestros progenitores (o eso creemos).
Antaño tenía varios grupetes de amigos. Estaban los grunges, los cachondos, los deportistas... hoy en día mi círculo de amistades se puede dividir en dos grupos: los sin carrito y los con carrito.
Es curioso el sentimiento que produce la noticia de un futuro alumbramiento de la parienta de uno de tus colegas. En parte te alegras por él, más que nada por la cara que te pone cuando lo dice, pero irremediablemente eres consciente en ese mismo instante de que cuando un amigo se va, algo se muere en el alma.
El “con carrito” ahora cambia sus hábitos y descubre nuevos mundos a la vez que abandona su hasta ahora establecido feudo; el “toiarás” en lugar de la zona barbacoa del Carrefú, las clases de natación de la criatura en lugar del tapeito en La Campana... y ya no sale de copas los sábados noche, ahora va a los parques infantiles los domingos por la mañana. Para colmo, el poco tiempo libre del que dispone lo rellena de vínculos familiares a más no poder, estrechándose irrompibles lazos con cualquier ser con algún gen común. Por tanto, el panorama para el amigo “sin carrito”, es un tanto desolador. Se asume, no queda otra y se aprovecha la mínima ocasión de disfrute que te brindan.
Sinceramente, hacerle la putada a una criatura y que me tenga como padre como que por ahora no. Es cuidarme a mí mismo y necesito ayuda, ostias. Además, tenemos un perro la mar de majo que de momento satisface nuestras necesidades parentales. Tampoco es que uno sea muy amante de las criaturas, a mí de los niños lo único que me gustaría sería hacerlos. Pero el mero hecho de pensar en un combinado Sargenta-Servidor me acojona. Si saca lo malo de la madre, estaría todo el santo día haciendo preguntas y si saca lo malo de mí... mmmmmmmm... si las respuestas a las preguntas no le satisfacen, ¡la de cabreos que iba a pillar el niño!. Dios, este sería de los llorones noctámbulos, de los que pegan berridos en las comidas domingueras cual jamelgo en celo, de los que se cagan encima en casas ajenas...
Los sin carrito quizás veamos la vida de otra manera, no se si acertada o no, pero lo que sí se con seguridad es reconocer lo que me pide el cuerpo. Tal y como está la vida uno tiene que plantearse prioridades y como la hija de puta es tan zorra, prefiero pegarme mis viajecitos y mis jolgorios antes que ventilarme media nómina en el Prenatal. Que se quite el Dodotis doble-absorción donde haya una VollDamm doble-mata.
Larga vida a Frodo, mi perrillo.
Antaño tenía varios grupetes de amigos. Estaban los grunges, los cachondos, los deportistas... hoy en día mi círculo de amistades se puede dividir en dos grupos: los sin carrito y los con carrito.
Es curioso el sentimiento que produce la noticia de un futuro alumbramiento de la parienta de uno de tus colegas. En parte te alegras por él, más que nada por la cara que te pone cuando lo dice, pero irremediablemente eres consciente en ese mismo instante de que cuando un amigo se va, algo se muere en el alma.
El “con carrito” ahora cambia sus hábitos y descubre nuevos mundos a la vez que abandona su hasta ahora establecido feudo; el “toiarás” en lugar de la zona barbacoa del Carrefú, las clases de natación de la criatura en lugar del tapeito en La Campana... y ya no sale de copas los sábados noche, ahora va a los parques infantiles los domingos por la mañana. Para colmo, el poco tiempo libre del que dispone lo rellena de vínculos familiares a más no poder, estrechándose irrompibles lazos con cualquier ser con algún gen común. Por tanto, el panorama para el amigo “sin carrito”, es un tanto desolador. Se asume, no queda otra y se aprovecha la mínima ocasión de disfrute que te brindan.
Sinceramente, hacerle la putada a una criatura y que me tenga como padre como que por ahora no. Es cuidarme a mí mismo y necesito ayuda, ostias. Además, tenemos un perro la mar de majo que de momento satisface nuestras necesidades parentales. Tampoco es que uno sea muy amante de las criaturas, a mí de los niños lo único que me gustaría sería hacerlos. Pero el mero hecho de pensar en un combinado Sargenta-Servidor me acojona. Si saca lo malo de la madre, estaría todo el santo día haciendo preguntas y si saca lo malo de mí... mmmmmmmm... si las respuestas a las preguntas no le satisfacen, ¡la de cabreos que iba a pillar el niño!. Dios, este sería de los llorones noctámbulos, de los que pegan berridos en las comidas domingueras cual jamelgo en celo, de los que se cagan encima en casas ajenas...
Los sin carrito quizás veamos la vida de otra manera, no se si acertada o no, pero lo que sí se con seguridad es reconocer lo que me pide el cuerpo. Tal y como está la vida uno tiene que plantearse prioridades y como la hija de puta es tan zorra, prefiero pegarme mis viajecitos y mis jolgorios antes que ventilarme media nómina en el Prenatal. Que se quite el Dodotis doble-absorción donde haya una VollDamm doble-mata.
Larga vida a Frodo, mi perrillo.
sábado, abril 28, 2007
Slogan
- "Las mujeres no somos complicadas, somos complejas."
y los hombres no somos simples, somos sencillos.
y los hombres no somos simples, somos sencillos.
miércoles, abril 04, 2007
Heroes
Justo antes de la entrada anterior de este blog, estuve hablando con mi amigo FashionBoy, cuñado de El Pepe, de una serie de televisión a la que ambos estamos enganchados. La serie es Heroes. Para el que no la conozca, no voy a destriparla, simplemente decir que es una buena serie como lo son Prison Break o Lost. En ella los personajes tienen una especie de poder o don. Uno de ellos puede escuchar los pensamientos de las personas y, además, de las mujeres (vuelvo a recordar que este es un blog irónico, de mi propiedad y donde digo lo que me apetece, si no te gusta lo que lees, arriba puedes cambiar de dirección y te vas a otra página, por ejemplo, puedes teclear www.cosmopolitan.es y así despejas tus dudas sobre qué peinados te harán parecer más sexy este verano o que ropa combinará con los almendros en flor de la próxima primavera).
Al caso, en la serie unos vuelan, otros lanzan rayos o qué se yo, y me ponen a un pobre desgraciado cuyo don es escuchar lo que piensa la parienta. Acojonante. ¡Pobre chaval por dios!. Tú imaginate que llegas a casa, y oyes un susurro del tipo:
"Ya ha llegado de trabajar. Se ha dejado pelos en el lavabo. Ahora te vas a enterar y como se te ocurra poner el ProEvolution te voy a cantar los cuarenta principales".
¡Joder! Es para mear y no hechar gota.
Por otra parte, alguna ventaja puede que tenga. Por ejemplo, serias capaz de saber si la parienta en realidad quiere decir SI o NO. Podrias evitar esa frase lapidaria femenina que aparece en el 95% de las discusiones de pareja:
"Las mujeres somos así, no me entiendes" (como curiosidad al lector, el otro 5% termina con "con tus amigos sí, ¿no?" o "lo que quiero es que salga de tí").
La situación la conocemos todos:
- "¿Qué hacemos?"
- "No se, me da igual."
"Como digas que nada te monto un pollo que se va a escuchar hasta en Antequera."
- "Bueno nena, venga, vístete que vamos de compras."
- "No se."
"Si claro, lo que quieres es que piense que tienes ganas de ir y tenerme contenta por que esta noche hay futbol."
- "Venga anda, no seas tonta."
- "Que no."
"Ya te he dicho dos veces que no porque quiero que salga de tí y lo pidas cariñosamente para sentirme querida y necesaria."
- "Mira, me apetece dar una vuelta contigo y que te pruebes toda la ropa que veas, que iremos sin prisas para que salgas de allí como una princesa. Venga amorcete. Te quiero."
- "Bueno, vamos."
Chapó! Pero ahora que caigo, habría aún mas ventajas. Centro Comercial, siete de la tarde en un probador cualquiera:
-"¿Te gusta esto nene?"
"Esta camisa hace juego con mi color de ojos. Si me la pongo con el pantalón color azul voy a estar muy mona, aunque tendría que pedirle prestado el cinturón blanco a mi hermana."
-"Me gusta, igual le pegaría algo azul ¿cinturón blanco tienes?"
¡Es el secreto del éxito! Aunque hay que saber cuando callarse y no abusar del poder:
-"¿Y este pantalón? Creo que me hace más gorda ¿no?"
"Si dices que no, sé que mientes, si dices que si, te mato."
Otro problema que tienen las mujeres, uno de tantos, es que no entienden que si quieren algo, deben decirlo. Los tios somos simples, ni buenos, ni malos, ¡simples! SI es SI y NO es NO, si quieres algo lo dices, si no lo quieres te callas. Ni las indirectas, ni las miraditas con resoplo incluido nos hacen reaccionar. El poder del que estamos hablando, ayudaría en estos casos:
- "Pues bueno..."
"Tengo un problema y necesito que me escuches."
- "¿Te pasa algo cielo?"
- "No, nada importante. Mi hermana..."
"Pues si, me pasa, pero no voy a decir nada si no paras de mirar la televisión mientras yo hablo."
- "Un segundo nena, voy a apagar la televisión, tus problemas con tu hermana son mas importantes que el Madrid-Barcelona de la última jornada de liga con empate a 62 puntos que están televisando en estos momentos."
Match Point. Juego, set y partido.
Como conclusión, podríamos pensar que estamos delante del Secreto de Fátima, de la Séptima Llave, del Misterio de las Nueve Puertas. La vida en pareja sería armoniosa y reinaría la paz. Pero no es así. La mujer, como no, tiene la criptonita para este poder, esto se explica con el Teorema del Full Equip:
Partimos de la base de que la mujer es lo mas inestable que existe, incluso mas que el Windows Millenium. Si hacemos algo que no le gusta, la mujer reacciona con enfado, si es algo que le gusta, reacciona con jolgorio y sonrisas. Hasta ahí lógico y solucionable, pues con nuestro poder sabríamos que hacer para tenerla contenta y calladita. Lamentablemente se dan dos circustancias en la mujer que hacen de ésto un asunto inviable. El primer problema es que ella espera que tu hagas ciertas cosas. Como si las trajeras de serie. Y estas cosas, aunque uno las haga, no la alegran, pero su carencia, las putea vivas. Por ejemplo, estirar las sabanas cuando haces la cama. Finalmente, el segundo problema, es que las cosas que hacías para mantenerlas contentas, con el tiempo dejan de hacerlo, y pasan a formar parte de tu equipamiento de serie, alcanzando el punto crítico Full Equip. Por tanto, el porcentaje de hacer algo que las cabreé aumenta siguiendo la fórmula:
CABREO = nº opciones en el equipamiento de serie / nº de opciones que no has probado para contentarla.
No hace falta que diga que CABREO tiende a infinito.
Conclusión: me quedo como estoy, como cualquier mortal y que siga sufriendo el pobre chaval de la serie. Este es de lo que mueren antes de que termine la primera temporada. Tiempo al tiempo.
Al caso, en la serie unos vuelan, otros lanzan rayos o qué se yo, y me ponen a un pobre desgraciado cuyo don es escuchar lo que piensa la parienta. Acojonante. ¡Pobre chaval por dios!. Tú imaginate que llegas a casa, y oyes un susurro del tipo:
"Ya ha llegado de trabajar. Se ha dejado pelos en el lavabo. Ahora te vas a enterar y como se te ocurra poner el ProEvolution te voy a cantar los cuarenta principales".
¡Joder! Es para mear y no hechar gota.
Por otra parte, alguna ventaja puede que tenga. Por ejemplo, serias capaz de saber si la parienta en realidad quiere decir SI o NO. Podrias evitar esa frase lapidaria femenina que aparece en el 95% de las discusiones de pareja:
"Las mujeres somos así, no me entiendes" (como curiosidad al lector, el otro 5% termina con "con tus amigos sí, ¿no?" o "lo que quiero es que salga de tí").
La situación la conocemos todos:
- "¿Qué hacemos?"
- "No se, me da igual."
"Como digas que nada te monto un pollo que se va a escuchar hasta en Antequera."
- "Bueno nena, venga, vístete que vamos de compras."
- "No se."
"Si claro, lo que quieres es que piense que tienes ganas de ir y tenerme contenta por que esta noche hay futbol."
- "Venga anda, no seas tonta."
- "Que no."
"Ya te he dicho dos veces que no porque quiero que salga de tí y lo pidas cariñosamente para sentirme querida y necesaria."
- "Mira, me apetece dar una vuelta contigo y que te pruebes toda la ropa que veas, que iremos sin prisas para que salgas de allí como una princesa. Venga amorcete. Te quiero."
- "Bueno, vamos."
Chapó! Pero ahora que caigo, habría aún mas ventajas. Centro Comercial, siete de la tarde en un probador cualquiera:
-"¿Te gusta esto nene?"
"Esta camisa hace juego con mi color de ojos. Si me la pongo con el pantalón color azul voy a estar muy mona, aunque tendría que pedirle prestado el cinturón blanco a mi hermana."
-"Me gusta, igual le pegaría algo azul ¿cinturón blanco tienes?"
¡Es el secreto del éxito! Aunque hay que saber cuando callarse y no abusar del poder:
-"¿Y este pantalón? Creo que me hace más gorda ¿no?"
"Si dices que no, sé que mientes, si dices que si, te mato."
Otro problema que tienen las mujeres, uno de tantos, es que no entienden que si quieren algo, deben decirlo. Los tios somos simples, ni buenos, ni malos, ¡simples! SI es SI y NO es NO, si quieres algo lo dices, si no lo quieres te callas. Ni las indirectas, ni las miraditas con resoplo incluido nos hacen reaccionar. El poder del que estamos hablando, ayudaría en estos casos:
- "Pues bueno..."
"Tengo un problema y necesito que me escuches."
- "¿Te pasa algo cielo?"
- "No, nada importante. Mi hermana..."
"Pues si, me pasa, pero no voy a decir nada si no paras de mirar la televisión mientras yo hablo."
- "Un segundo nena, voy a apagar la televisión, tus problemas con tu hermana son mas importantes que el Madrid-Barcelona de la última jornada de liga con empate a 62 puntos que están televisando en estos momentos."
Match Point. Juego, set y partido.
Como conclusión, podríamos pensar que estamos delante del Secreto de Fátima, de la Séptima Llave, del Misterio de las Nueve Puertas. La vida en pareja sería armoniosa y reinaría la paz. Pero no es así. La mujer, como no, tiene la criptonita para este poder, esto se explica con el Teorema del Full Equip:
Partimos de la base de que la mujer es lo mas inestable que existe, incluso mas que el Windows Millenium. Si hacemos algo que no le gusta, la mujer reacciona con enfado, si es algo que le gusta, reacciona con jolgorio y sonrisas. Hasta ahí lógico y solucionable, pues con nuestro poder sabríamos que hacer para tenerla contenta y calladita. Lamentablemente se dan dos circustancias en la mujer que hacen de ésto un asunto inviable. El primer problema es que ella espera que tu hagas ciertas cosas. Como si las trajeras de serie. Y estas cosas, aunque uno las haga, no la alegran, pero su carencia, las putea vivas. Por ejemplo, estirar las sabanas cuando haces la cama. Finalmente, el segundo problema, es que las cosas que hacías para mantenerlas contentas, con el tiempo dejan de hacerlo, y pasan a formar parte de tu equipamiento de serie, alcanzando el punto crítico Full Equip. Por tanto, el porcentaje de hacer algo que las cabreé aumenta siguiendo la fórmula:
CABREO = nº opciones en el equipamiento de serie / nº de opciones que no has probado para contentarla.
No hace falta que diga que CABREO tiende a infinito.
Conclusión: me quedo como estoy, como cualquier mortal y que siga sufriendo el pobre chaval de la serie. Este es de lo que mueren antes de que termine la primera temporada. Tiempo al tiempo.
viernes, marzo 30, 2007
Fauna y Flora. Hoy: El Mosquito.
Os pongo en situación. Doce de la noche, bajo la persiana mientras maldigo a los dioses por tener que levantarme a las siete de la mañana otra vez para ir a trabajar. La última colilla de cigarro aún humea en el cenicero de mi derecha. Me relamo gustosamente el labio superior, aún húmedo del último sorbo del vaso de leche nocturno de rigor. Acomodo mi oreja izquierda en la almohada mientras con la mano derecha tapo mi hombro con las mantas. Cierro los ojos, peillo de buenas noches y suspiro. Justo antes de entrar en trance escucho un simpático mosquito revolotear por mi oreja. No hay cosa que me joda más en esta vida.
Por desgracia para el hombre, los mosquitos no solo molestan en verano. El resto del año también los sufrimos. Pero éstos no hacen su vida social por la noche, estos abren 24 horas y parece que cobren por comisión porque no descansan ni para comer. En mi caso éste es su protocolo:
Siete y diez de la mañana. El mosquito abre la persiana y me susurra al oido dulcemente “¡Joder nene!, el despertador ha sonado 2 veces ya! ¡Levántate!”.
Tres de la tarde. Asomo por la puerta de casa y el mosquito me ronda la cabeza, su revoloteo parece decir “¡Mira que te he dicho veces que la toalla la pongas en el tendedero cuando te duches!”.
Tres y media de la tarde. Tras un agotador dia laboral me dispongo a disfrutar de unas viandas. Justo antes de tomar la primera cucharada de sopa, con la boca entreabierta, el mosquito vuelve a pasar: “Ahora después friegas los platos antes de tumbarte en el sofa que te conozco”.
Cuatro y media de la tarde. Me voy al cuarto, enciendo el ordenador para mirar el correo electrónico, introduzco usuario, contraseña y al darle al botón aceptar vuelve a aparecer nuestro protagonista “¿no iras a quedarte ahí toda la tarde no?” – parece que dice.
Cinco de la tarde. La hora del cafelito. Aprovechamos a ver si en el messenger vemos a alguien conocido por si planeamos algo. Nuestro simpático amigo vuelve a la carga: “no se como puedes estar ahí tanto tiempo. Hagamos algo divertido nene. ¿Vamos al centro comercial que me quiero comprar unos pantalones?”.
Nueve de la noche, mientras preparo una ensalada y unos piscolabis para ver el futbol a gusto, el mosquito aparece. Conforme se acerca la noche, el zumbido de sus alas cobra aún mas intensidad: “¡Uy!, hoy es miercoles, ¡Médico de Familia y Urgencias!”.
Doce de la noche, otro día para olvidar, nada especial. Bajo la persiana mientras maldigo a los dioses... ¿Esto ya lo dije antes, no? En fin, el bicho hace su último, y no por ello menos despreciable, acto de presencia: “Nene un besito, por cierto, mañana sabado comemos con mi familia así que no hagas planes”.
¿Alguien tiene un bote de RAID?
Por desgracia para el hombre, los mosquitos no solo molestan en verano. El resto del año también los sufrimos. Pero éstos no hacen su vida social por la noche, estos abren 24 horas y parece que cobren por comisión porque no descansan ni para comer. En mi caso éste es su protocolo:
Siete y diez de la mañana. El mosquito abre la persiana y me susurra al oido dulcemente “¡Joder nene!, el despertador ha sonado 2 veces ya! ¡Levántate!”.
Tres de la tarde. Asomo por la puerta de casa y el mosquito me ronda la cabeza, su revoloteo parece decir “¡Mira que te he dicho veces que la toalla la pongas en el tendedero cuando te duches!”.
Tres y media de la tarde. Tras un agotador dia laboral me dispongo a disfrutar de unas viandas. Justo antes de tomar la primera cucharada de sopa, con la boca entreabierta, el mosquito vuelve a pasar: “Ahora después friegas los platos antes de tumbarte en el sofa que te conozco”.
Cuatro y media de la tarde. Me voy al cuarto, enciendo el ordenador para mirar el correo electrónico, introduzco usuario, contraseña y al darle al botón aceptar vuelve a aparecer nuestro protagonista “¿no iras a quedarte ahí toda la tarde no?” – parece que dice.
Cinco de la tarde. La hora del cafelito. Aprovechamos a ver si en el messenger vemos a alguien conocido por si planeamos algo. Nuestro simpático amigo vuelve a la carga: “no se como puedes estar ahí tanto tiempo. Hagamos algo divertido nene. ¿Vamos al centro comercial que me quiero comprar unos pantalones?”.
Nueve de la noche, mientras preparo una ensalada y unos piscolabis para ver el futbol a gusto, el mosquito aparece. Conforme se acerca la noche, el zumbido de sus alas cobra aún mas intensidad: “¡Uy!, hoy es miercoles, ¡Médico de Familia y Urgencias!”.
Doce de la noche, otro día para olvidar, nada especial. Bajo la persiana mientras maldigo a los dioses... ¿Esto ya lo dije antes, no? En fin, el bicho hace su último, y no por ello menos despreciable, acto de presencia: “Nene un besito, por cierto, mañana sabado comemos con mi familia así que no hagas planes”.
¿Alguien tiene un bote de RAID?
jueves, marzo 15, 2007
El Pepe, La Coronela y El Chuletón
Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Indiscutible. Si no fuera así viviriamos en una isla desierta, desayunando mojitos, comiendo chuletones de buey y cenando caipiriñas. El resto del tiempo lo pasaríamos jugando al mus o tumbados a la bartola, con una mano en la teta mas cercana y la otra rascándonos los cojones hasta que brotase sangre. Como tropezamos las veces que hagan falta, nos hipotecamos, pagamos los sabados noche y vamos una vez por semana a comprar al Metadona.
Esto no es más que una simple reflexión totalmente subjetiva, puede que alguno, o mas bien alguna, se sienta dolida. Que no se preocupe, que yo también tropezaré. Simplemente suelo mirar donde voy a pisar antes de hacerlo, pero algún dia me temo que bajaré la guardía.
Aspeceras aparte, vayamos al grano del tema que nos ocupa. El comportamiento y conducta de las parientas en reuniones con otras parientas. El otro dia me llamó mi querido amigo El Pepe. Me notificó la programación del disfrute de diversas viandas, incluido chuletón de buey, en su casa. Disfrutaríamos del correspondiente partido liguero y luego, una vez cargados de whisky, o en su defecto Ron, nos pegariamos unos flamantes guitarreos en el Guitar Hero. Cuando en una conversación por teléfono con El Pepe se juntan las palabras “Futbol”, “Buey” y “Guitar Hero” la respuesta es obvia: “Voy pallá!”.
Preliminares. Al acto acudíamos Job y yo acompañados de las respectivas. Ambos sin afeitar para variar, esperando el acicalamiento de La Parienta y La Woman Proper, el futbol a medio empezar. Una decorándose los ojos a medio palmo del espejo, se ve que ha perdido práctica de sociabilizarse tan poco, y la otra enfundándose en unos pantalones que se compró años atrás. ¿Habéis probado alguna vez sacar el plástico de un paquete de tabaco y luego volverlo a poner? Pues aquello era algo parecido. Finalmente botamos el barco rumbo al más allá.
La llegada. El Pepe y yo nos conocemos desde tiempos inmemoriables a fondo, con sólo mirarnos se si se ha ido de varilla y él sabe si algo no me gusta. Job lo conoce mas recientemente, pero en el momento saltó la chispa adecuada entre ellos. La forma de saludarnos es la propia entre colegas, alternando cara de burla y golpes en la espalda nos piropeamos mutuamente:
- “¿Qué pacha maricona? Buen pelado tas dao Camilo Sexto.”.
- “¿Qué pasa hijoputa?, estas mas gordo, cabrón, a priori, eso sí”.
- “¡Viva el Capello! ¿Has escuchao Radio Marca? Jajajaja ¿Dónde está el vino?”
Las parientas se reparten besos por doquier, siguiendo un protocolo mas formal:
- "Hoooola guapetonaaaas!"
- "¿Que tal estás? Que camiseta mas chula ¿Es de Zara?"
- "¿Que te has hecho en el pelo? Me gusta mucho".
Tras El Pepe, aparece La Coronela, a la que presentamos nuestros respetos educadamente. Hago un parentesis para hacer otra reflexión:
Desde la adolescencia, uno hace innumerables amigos. Llega un fin de semana y se reciben decenas de llamadas y se tienen más de cinco opciones en las que gastar el tiempo y divertirse. Esto hace de nosotros y los que nos rodean, una tribu, una comuna donde todo es de todos y todos estamos para todos. Reina la armonía y la paz. Pero de repente, alguien aparece por el horizonte, los conquistadores españoles con grandes caballos, armas y lo que es peor, faldas. Hernánda Cortes y Francisca Pizarro. Tratan de invadirnos, de quitarnos lo nuestro, lo que tanto tiempo nos costó conseguir, nuestras tierras, nuestra ideología y lo que es peor, nuestra forma de vivir. Nos dividen, nos separan y, no sin innumerables bajas, algunos logramos sobrevivir, y aunque en gran medida nos adaptamos a sus costumbres, seguimos manteniendo en el corazón el recuerdo de tiempos mejores. La Coronela, gracias a dios, es una de esas excepciones que confirman la regla. Es Kevin Costner en Bailando con Lobos. Se adapta. Tiene un par de cojones mas grandes que los mios, pero se adapta.
La cena. Allí aparece el Pepe con una piedra de dos fogones, el chuletón troceado, platos de embutidos varios, un par de botellas de rioja... y La Coronela en el sofá, que arte tiene la jodía. Tengo entendido que tiene los mismos conocimientos de cocina que Sofía Mazagatos de Física Cuántica, igual su especialidad es el pan con nocilla, sin tostar. Bueno, creo que los potitos de la niña sabe calentarlos, por algo se empieza. Lo demás lo típico, Job, El Pepe y servidor discutiendo la alineación del Madrid y lo bueno que está el chuletón. Las parientas criticando a alguna amiga de antaño. Todo perfecto. No hay más que mirar alrededor para darse cuenta:
- Job: se le pronuncian los mofletes, sonrie y se le entornan los ojos.
- El Pepe: se pone recto en el taburete, se rie, dobla la mandíbula y se frota la barriga. Si suelta la frase “¿No vea no?” es que la cosa va viento en popa.
- La Coronela: sube las piernas al sofa, las pliega, se las tapa con una mantita y cuando se rie da la impresión de que de un momento a otro el vecino va a bajar a liarla.
- La Sargenta y Woman Proper: el mismo patrón, al ser gemelas... no paran de hablar de cualquier cosa con la sonrisa de oreja a oreja y gesticulando con las manos.
En fin, tras un intenso cubateo y unos guitarreos ponemos rumbo al hogar, las parientas dormidas en el coche y Job y yo celebrando que el Madrid ha vuelto a perder.
A veces la vida es maravillosa.
Esto no es más que una simple reflexión totalmente subjetiva, puede que alguno, o mas bien alguna, se sienta dolida. Que no se preocupe, que yo también tropezaré. Simplemente suelo mirar donde voy a pisar antes de hacerlo, pero algún dia me temo que bajaré la guardía.
Aspeceras aparte, vayamos al grano del tema que nos ocupa. El comportamiento y conducta de las parientas en reuniones con otras parientas. El otro dia me llamó mi querido amigo El Pepe. Me notificó la programación del disfrute de diversas viandas, incluido chuletón de buey, en su casa. Disfrutaríamos del correspondiente partido liguero y luego, una vez cargados de whisky, o en su defecto Ron, nos pegariamos unos flamantes guitarreos en el Guitar Hero. Cuando en una conversación por teléfono con El Pepe se juntan las palabras “Futbol”, “Buey” y “Guitar Hero” la respuesta es obvia: “Voy pallá!”.
Preliminares. Al acto acudíamos Job y yo acompañados de las respectivas. Ambos sin afeitar para variar, esperando el acicalamiento de La Parienta y La Woman Proper, el futbol a medio empezar. Una decorándose los ojos a medio palmo del espejo, se ve que ha perdido práctica de sociabilizarse tan poco, y la otra enfundándose en unos pantalones que se compró años atrás. ¿Habéis probado alguna vez sacar el plástico de un paquete de tabaco y luego volverlo a poner? Pues aquello era algo parecido. Finalmente botamos el barco rumbo al más allá.
La llegada. El Pepe y yo nos conocemos desde tiempos inmemoriables a fondo, con sólo mirarnos se si se ha ido de varilla y él sabe si algo no me gusta. Job lo conoce mas recientemente, pero en el momento saltó la chispa adecuada entre ellos. La forma de saludarnos es la propia entre colegas, alternando cara de burla y golpes en la espalda nos piropeamos mutuamente:
- “¿Qué pacha maricona? Buen pelado tas dao Camilo Sexto.”.
- “¿Qué pasa hijoputa?, estas mas gordo, cabrón, a priori, eso sí”.
- “¡Viva el Capello! ¿Has escuchao Radio Marca? Jajajaja ¿Dónde está el vino?”
Las parientas se reparten besos por doquier, siguiendo un protocolo mas formal:
- "Hoooola guapetonaaaas!"
- "¿Que tal estás? Que camiseta mas chula ¿Es de Zara?"
- "¿Que te has hecho en el pelo? Me gusta mucho".
Tras El Pepe, aparece La Coronela, a la que presentamos nuestros respetos educadamente. Hago un parentesis para hacer otra reflexión:
Desde la adolescencia, uno hace innumerables amigos. Llega un fin de semana y se reciben decenas de llamadas y se tienen más de cinco opciones en las que gastar el tiempo y divertirse. Esto hace de nosotros y los que nos rodean, una tribu, una comuna donde todo es de todos y todos estamos para todos. Reina la armonía y la paz. Pero de repente, alguien aparece por el horizonte, los conquistadores españoles con grandes caballos, armas y lo que es peor, faldas. Hernánda Cortes y Francisca Pizarro. Tratan de invadirnos, de quitarnos lo nuestro, lo que tanto tiempo nos costó conseguir, nuestras tierras, nuestra ideología y lo que es peor, nuestra forma de vivir. Nos dividen, nos separan y, no sin innumerables bajas, algunos logramos sobrevivir, y aunque en gran medida nos adaptamos a sus costumbres, seguimos manteniendo en el corazón el recuerdo de tiempos mejores. La Coronela, gracias a dios, es una de esas excepciones que confirman la regla. Es Kevin Costner en Bailando con Lobos. Se adapta. Tiene un par de cojones mas grandes que los mios, pero se adapta.
La cena. Allí aparece el Pepe con una piedra de dos fogones, el chuletón troceado, platos de embutidos varios, un par de botellas de rioja... y La Coronela en el sofá, que arte tiene la jodía. Tengo entendido que tiene los mismos conocimientos de cocina que Sofía Mazagatos de Física Cuántica, igual su especialidad es el pan con nocilla, sin tostar. Bueno, creo que los potitos de la niña sabe calentarlos, por algo se empieza. Lo demás lo típico, Job, El Pepe y servidor discutiendo la alineación del Madrid y lo bueno que está el chuletón. Las parientas criticando a alguna amiga de antaño. Todo perfecto. No hay más que mirar alrededor para darse cuenta:
- Job: se le pronuncian los mofletes, sonrie y se le entornan los ojos.
- El Pepe: se pone recto en el taburete, se rie, dobla la mandíbula y se frota la barriga. Si suelta la frase “¿No vea no?” es que la cosa va viento en popa.
- La Coronela: sube las piernas al sofa, las pliega, se las tapa con una mantita y cuando se rie da la impresión de que de un momento a otro el vecino va a bajar a liarla.
- La Sargenta y Woman Proper: el mismo patrón, al ser gemelas... no paran de hablar de cualquier cosa con la sonrisa de oreja a oreja y gesticulando con las manos.
En fin, tras un intenso cubateo y unos guitarreos ponemos rumbo al hogar, las parientas dormidas en el coche y Job y yo celebrando que el Madrid ha vuelto a perder.
A veces la vida es maravillosa.
lunes, marzo 05, 2007
Citas
"Tú como siempre, ¡pensando en tí!" - del libro "Las mejores 300 frases para afrontar una discusión con tu pareja".
Chicas, creo que esta semana lo regalan con el Cosmopolitan.
Chicas, creo que esta semana lo regalan con el Cosmopolitan.
martes, febrero 20, 2007
Precaución, amigo conductor
La Parienta se está sacando el carnét de conducir. Ahí va ella, con sus treinta primaveras rumbo al asfalto. Olé su coño. Como no podía ser de otra forma, su hermana gemela, La Woman Proper, también se subió al carro. Yo creo que antaño fueron siamesas, quizás unidas por el cerebro y claro, media ración para cada una. Eso explicaría muchas cosas.
El panorama está como sigue. Por las tardes La Parienta acude cual corderito blanco saltarín que corretea por los campos hacia la autoescuela. La Woman Proper vestida de pastorcilla para la ocasión hace de guía. Allí se empapan de una hora de clase teórica, que según dicen, las da un profesor “mu apañao”, o sea, que viste con camisa por dentro, maneja pelo corto y tiene experiencia en la enseñanza primaria. Al finalizar vienen a casa, discutiendo si ese paso con barreras las obligaría a ceder el paso a cualquier tranvía o solamente a los que viniesen por su derecha. Una sonrisa de oreja a oreja las invade cuando alcanzan el consenso. Mientras, mi corrupta mente imagina la cómica situación:
- “Niña, que viene el AVE”.
- “¿Por la derecha?”
- “No se, ¿la derecha que mano es?”
Una vez acomodadas y habiéndome enviado a ordenar mi cuarto por Decreto Ley, sacan sus libros de test y proceden al testeo (valga la redundancia) de la clase teórica del día. Media horita calladas. ¡Que gran invento esto del carnét! Se sabe que lo bueno no dura mucho, así que servidor se les ofrece como “voluntario” para la corrección. Job, mi concuñado, está de pesca con un amiguete, aprende rápido el jodio.
En fin, después de explicarles que lo mejor para la salud en caso de que la barrera esté bajando es parar y que un tio montado a caballo no es un vehículo aunque se llame Ford, realizo el cómputo final de tan lindas señoritas. 16 y 18 aciertos de 30 preguntas de 2 y 3 opciones. Podría haber sido peor. Al menos una de ellas paró al ver pasar el tranvía.
Sigan jugando, hay miles de premios escondidos bajo la tapa del yogourt.
El panorama está como sigue. Por las tardes La Parienta acude cual corderito blanco saltarín que corretea por los campos hacia la autoescuela. La Woman Proper vestida de pastorcilla para la ocasión hace de guía. Allí se empapan de una hora de clase teórica, que según dicen, las da un profesor “mu apañao”, o sea, que viste con camisa por dentro, maneja pelo corto y tiene experiencia en la enseñanza primaria. Al finalizar vienen a casa, discutiendo si ese paso con barreras las obligaría a ceder el paso a cualquier tranvía o solamente a los que viniesen por su derecha. Una sonrisa de oreja a oreja las invade cuando alcanzan el consenso. Mientras, mi corrupta mente imagina la cómica situación:
- “Niña, que viene el AVE”.
- “¿Por la derecha?”
- “No se, ¿la derecha que mano es?”
Una vez acomodadas y habiéndome enviado a ordenar mi cuarto por Decreto Ley, sacan sus libros de test y proceden al testeo (valga la redundancia) de la clase teórica del día. Media horita calladas. ¡Que gran invento esto del carnét! Se sabe que lo bueno no dura mucho, así que servidor se les ofrece como “voluntario” para la corrección. Job, mi concuñado, está de pesca con un amiguete, aprende rápido el jodio.
En fin, después de explicarles que lo mejor para la salud en caso de que la barrera esté bajando es parar y que un tio montado a caballo no es un vehículo aunque se llame Ford, realizo el cómputo final de tan lindas señoritas. 16 y 18 aciertos de 30 preguntas de 2 y 3 opciones. Podría haber sido peor. Al menos una de ellas paró al ver pasar el tranvía.
Sigan jugando, hay miles de premios escondidos bajo la tapa del yogourt.
jueves, febrero 08, 2007
El mail de la ducha
Recibí un gracioso correo hace un par de semanas en las que se relataba las diferencias entre un hombre y una mujer a la hora de ducharse. Me descojonaba con la lectura a la vez que hacia las propias comparaciones oportunas.
La Parienta opta por el sistema “dos tiempos”.
En el primero se sitúa a pies de la bañera, inclina medio cuerpo y procede al limpiado y aseado de su cuero cabelludo, dos veces. No hace falta que diga lo que se me pasa por la cabeza cuando la veo en semejante posición. Sin posible escapatoria además, “o esto o te comes la cerámica, tu misma”, tendría que decirle más de una vez. En fin, procuro contenerme, pero el rozamiento a lo macho dominante no me lo quita ni dios.
En el segundo tiempo, La Parienta se desnuda en el cuarto, se rodea con una toalla a modo rollito de primavera y hace lo propio con otra a modo turbante, se enfunda unas zapatillas para la ocasión, recoge la ropa sucia y se dirige hacia el cuarto de baño. Allí deposita la mercancía en el cesto y al agua patos. A la media hora (yo creo que allí me la está pegando con alguien que se esconde en el cesto, porque no es normal) sale con la misma vestimenta y procede al secado y cepillado capilar en el dormitorio.
Mi estilo es distinto. Para el desnudo uso el método de las tres capas. En un sólo movimiento logro sacarme camiseta interior, camisa y jersey. Este módulo de capas acaba debajo del lavabo. En otro movimiento similar saco calzoncillos, pantalón y calcetines. Este otro módulo rellena el espacio que hay entre la pared y la parte posterior del bater. Ahora viene el salto de la rana, conforme pongo el primer pie en el suelo, el frío de los cojones me produce una serie de espasmos musculares, o más bien brincos, que me dirigen al interior de la bañera.
Una vez dentro y en honor a la religión cristiana a la que pertenezco (o eso dijo el cura) sigo el procedimiento del lavado santiguado, es decir, primero la cabeza, sigo con el tandem cojones-culo y al final los sobacos. Primero el izquierdo, luego el derecho y Amén. Rocío un buen chorro de champú en las manos y con el cuidado y precisión de los grandes relojeros suizos lo restriego por la cabeza, intentando evitar que el puto champú medio congelado comience a gotearme por la espalda. Aquí dentro los espasmos ya son palabras mayores, ¡cuidao!. Con la cabeza estilo Papa Noel afro procedo al lavado del Mato Grosso y del Valle de Abdalajis. Aquí gasto la mitad del tiempo, hay que cuidar los espacios forestales y nuestro medio ambiente. Finalmente, los frotamientos laterales, incorporando algo de gel si la espuma ya generada no es suficiente. Los pies prácticamente se lavan con lo que va cayendo, es lo que tiene la gravedad, pero entre dedo y dedo algo hay que currar.
El secado sigue el mismo curso que el lavado santiguado. Una vez terminado y goteando, salgo del cuarto de baño al estilo Tarzán y si me encuentro a Jane por el camino le enseño la liana a ver si se agarra. Yo es que tengo una curiosa habilidad, moviendo las nalgas y sin usar las manos consigo que aquello haga unos movimientos circulares la mar de graciosos. Vaya, yo me descojono. La Parienta o pone cara de asco o se ríe, según le dé. Esto es como el tiempo, hay días que llueve y días en los que reina el sol.
Entrañables son los momentos que pasa una pareja en un cuarto de baño, quizás sea allí donde se detecta el máximo exponencial de aquello que llaman amor, o “soportamiento mutuo”. Un peo por aquí, un tampax por allá, un “¡nene ahora no, siempre igual!” un “¡cierra la puerta, ostias, con la rasca que entra!”...
Que bello es vivir y que llenas de color son las mañanicas.
La Parienta opta por el sistema “dos tiempos”.
En el primero se sitúa a pies de la bañera, inclina medio cuerpo y procede al limpiado y aseado de su cuero cabelludo, dos veces. No hace falta que diga lo que se me pasa por la cabeza cuando la veo en semejante posición. Sin posible escapatoria además, “o esto o te comes la cerámica, tu misma”, tendría que decirle más de una vez. En fin, procuro contenerme, pero el rozamiento a lo macho dominante no me lo quita ni dios.
En el segundo tiempo, La Parienta se desnuda en el cuarto, se rodea con una toalla a modo rollito de primavera y hace lo propio con otra a modo turbante, se enfunda unas zapatillas para la ocasión, recoge la ropa sucia y se dirige hacia el cuarto de baño. Allí deposita la mercancía en el cesto y al agua patos. A la media hora (yo creo que allí me la está pegando con alguien que se esconde en el cesto, porque no es normal) sale con la misma vestimenta y procede al secado y cepillado capilar en el dormitorio.
Mi estilo es distinto. Para el desnudo uso el método de las tres capas. En un sólo movimiento logro sacarme camiseta interior, camisa y jersey. Este módulo de capas acaba debajo del lavabo. En otro movimiento similar saco calzoncillos, pantalón y calcetines. Este otro módulo rellena el espacio que hay entre la pared y la parte posterior del bater. Ahora viene el salto de la rana, conforme pongo el primer pie en el suelo, el frío de los cojones me produce una serie de espasmos musculares, o más bien brincos, que me dirigen al interior de la bañera.
Una vez dentro y en honor a la religión cristiana a la que pertenezco (o eso dijo el cura) sigo el procedimiento del lavado santiguado, es decir, primero la cabeza, sigo con el tandem cojones-culo y al final los sobacos. Primero el izquierdo, luego el derecho y Amén. Rocío un buen chorro de champú en las manos y con el cuidado y precisión de los grandes relojeros suizos lo restriego por la cabeza, intentando evitar que el puto champú medio congelado comience a gotearme por la espalda. Aquí dentro los espasmos ya son palabras mayores, ¡cuidao!. Con la cabeza estilo Papa Noel afro procedo al lavado del Mato Grosso y del Valle de Abdalajis. Aquí gasto la mitad del tiempo, hay que cuidar los espacios forestales y nuestro medio ambiente. Finalmente, los frotamientos laterales, incorporando algo de gel si la espuma ya generada no es suficiente. Los pies prácticamente se lavan con lo que va cayendo, es lo que tiene la gravedad, pero entre dedo y dedo algo hay que currar.
El secado sigue el mismo curso que el lavado santiguado. Una vez terminado y goteando, salgo del cuarto de baño al estilo Tarzán y si me encuentro a Jane por el camino le enseño la liana a ver si se agarra. Yo es que tengo una curiosa habilidad, moviendo las nalgas y sin usar las manos consigo que aquello haga unos movimientos circulares la mar de graciosos. Vaya, yo me descojono. La Parienta o pone cara de asco o se ríe, según le dé. Esto es como el tiempo, hay días que llueve y días en los que reina el sol.
Entrañables son los momentos que pasa una pareja en un cuarto de baño, quizás sea allí donde se detecta el máximo exponencial de aquello que llaman amor, o “soportamiento mutuo”. Un peo por aquí, un tampax por allá, un “¡nene ahora no, siempre igual!” un “¡cierra la puerta, ostias, con la rasca que entra!”...
Que bello es vivir y que llenas de color son las mañanicas.
martes, enero 23, 2007
El Combate
El otro día tocó comida con el suegro, - ¡¡¡tachaaaaaaaaaaan!!! - que nos deleitó con una de sus visitas esporádicas. Si hay un nombre perfecto para mi suegro, ese es Manolo. Me viene a la cabeza el día que nos conocimos. La presentación oficial del novio de la niña a la familia. Si la familia es de pueblo la cosa se convierte en ceremonia rozando el ritual.
Yo iba decidido a su casa, sin saber quién me esperaría al otro lado del ring. Decidido, pero a la vez con ese hormigueo en la zona estomacal similar al que produce el primer desamor. Mi pelo largo, pendiente en la oreja izquierda, botas militares negras y vestimenta propia de los últimos coletazos de la moda grunge. Una pareja de amigos me acompañaban, mi entrenador El Pepe y la suturadora de heridas, La Coronela. “Animo! este combate es tuyo, no olvides el gancho de derecha!” – me gritaban – “¡Eres el mejor!”. La verdad que conforme pasaba el tiempo, crecía el hormigueo.
Llegamos al ring. Aún caminaba hacia mi esquina cuando mi cuñada, La Woman Proper, cogió el micrófono y anunció mi entrada a los cuatro vientos:
“Con un peso de 80 kilos, pálido y con cara descompuestaaaaaaaaaaaa, el novio de la Sargentaaaaaaaa”.
Allí estaba yo, en mi esquina, sentadito y tapadito con las faldas de una mesa camilla, brasero incluido. De repente apareció mi contrincante. Yo iba relativamente preparado para lo peor, había entrenado duramente las pasadas semanas, pensando en la inminente llegada del momento y me sentía preparado física y psicológicamente, pero cuando vislumbré lo que iba a cruzar las cuerdas del ring, mis cojones cayeron al suelo. Su aspecto era aterrador, bajito pero recio, piel con la misma textura que la corteza de un roble, curtida por el mismo sol que mantenía fuertes los olivares de la zona. La vestimenta no era precisamente pájaro de buen agüero. Pantalones de pana color ocre, camisa a cuadros, rebeca verde olivar y un calzado con el que podría cruzar los Alpes sin apenas despeinarse. En su esquina y bien a la vista, una escopeta de cartuchos aún humeante, cinco conejos y tres perdices, que precisamente no corrían ni revoloteaban. Conforme entraba al ring, su mirada, que apuntaba al suelo inicialmente, fue alzándose, al mismo tiempo que su semblante tomaba matices sádicos, hasta que alcanzó mis ojos. Fue entonces cuando un afilado cuchillo de carnicero cortó mi ser por la mitad y una ráfaga de aire congelado me secó mis fosas nasales. Todas las puertas de la casa se cerraron de golpe estrepitósamente. Allí estabamos y no había marcha atrás. Una mezcla entre Frodo Bolson y Paco Martinez Soria cabreado y yo. No había color.
Hechas las presentaciones por parte de La Sargenta y habiendo recogido y enfundado mis pelotas, me dirigí al centro del ring, al mismo tiempo que él avanzaba. Cada paso que daba acentuaban los vaivenes de la lámpara colgante. Mi entrenador y suturadora esperaban en mi esquina, uno con la toalla en la mano y la otra con aguja e hilo quirúrgico. Mejor no mirar a atrás. Llegó el momento del saludo, ofrecí mi cálida mano e intenté poner la mejor de mis sonrisas intentando ocultar el miedo escénico. Una gota de sudor frio recorría mi rostro, o dos. Fue entonces cuando despegó su mano derecha de su espalda y mis cojones volvieron a caer al suelo ante el panorama. ¡Dios mio, aquello no era una mano, era un muestrario de morcillas de Burgos!. Ni en un seminario de monjas había visto tanto callo junto. Los segundos pasaban y se hizo contacto al tiempo que recolocaba de nuevo mis pelotas con la mano izquierda. Sus labios, que parecían de esparto, empezaron a separarse y dijo “Hola”. Parecía soportable, sino fuera por la voz de ultratumba. “Brpbrpr tardes...” dije yo, esta vez los cojones no fueron al suelo, sino justo en la parte frontal de mi garganta. Nuestras manos se separaron y Manolo se sentó lentamente en su trono, la butaca-mecedora frente al Telefunken pantalla extracurva. Ahí terminó todo. Ganador por K.O. técnico, Manolo.
En fin, el tiempo ha pasado, nos hemos ido conociendo y ya hasta me resulta entrañable, me deja que le de collejas de vez en cuando al tiempo que me recuerda todos los años que se acerca la Semana Santa y que me van a crucificar (por mi según él parecido a Cristo). Yo le saco vuelos baratos por internet y el me resuelve alguna que otra chapuza casera. Somos distintos, pensamos de distinta forma, pero eso no hace que no brindemos con una buena copa de vino y ante un suculento plato de los montes hasta el fin de los tiempos. Por eso valoro y doy tanta importancia al tener amigos a tutiplén, porque cada uno de ellos te enseña algo que desconoces. Tomen nota.
Yo iba decidido a su casa, sin saber quién me esperaría al otro lado del ring. Decidido, pero a la vez con ese hormigueo en la zona estomacal similar al que produce el primer desamor. Mi pelo largo, pendiente en la oreja izquierda, botas militares negras y vestimenta propia de los últimos coletazos de la moda grunge. Una pareja de amigos me acompañaban, mi entrenador El Pepe y la suturadora de heridas, La Coronela. “Animo! este combate es tuyo, no olvides el gancho de derecha!” – me gritaban – “¡Eres el mejor!”. La verdad que conforme pasaba el tiempo, crecía el hormigueo.
Llegamos al ring. Aún caminaba hacia mi esquina cuando mi cuñada, La Woman Proper, cogió el micrófono y anunció mi entrada a los cuatro vientos:
“Con un peso de 80 kilos, pálido y con cara descompuestaaaaaaaaaaaa, el novio de la Sargentaaaaaaaa”.
Allí estaba yo, en mi esquina, sentadito y tapadito con las faldas de una mesa camilla, brasero incluido. De repente apareció mi contrincante. Yo iba relativamente preparado para lo peor, había entrenado duramente las pasadas semanas, pensando en la inminente llegada del momento y me sentía preparado física y psicológicamente, pero cuando vislumbré lo que iba a cruzar las cuerdas del ring, mis cojones cayeron al suelo. Su aspecto era aterrador, bajito pero recio, piel con la misma textura que la corteza de un roble, curtida por el mismo sol que mantenía fuertes los olivares de la zona. La vestimenta no era precisamente pájaro de buen agüero. Pantalones de pana color ocre, camisa a cuadros, rebeca verde olivar y un calzado con el que podría cruzar los Alpes sin apenas despeinarse. En su esquina y bien a la vista, una escopeta de cartuchos aún humeante, cinco conejos y tres perdices, que precisamente no corrían ni revoloteaban. Conforme entraba al ring, su mirada, que apuntaba al suelo inicialmente, fue alzándose, al mismo tiempo que su semblante tomaba matices sádicos, hasta que alcanzó mis ojos. Fue entonces cuando un afilado cuchillo de carnicero cortó mi ser por la mitad y una ráfaga de aire congelado me secó mis fosas nasales. Todas las puertas de la casa se cerraron de golpe estrepitósamente. Allí estabamos y no había marcha atrás. Una mezcla entre Frodo Bolson y Paco Martinez Soria cabreado y yo. No había color.
Hechas las presentaciones por parte de La Sargenta y habiendo recogido y enfundado mis pelotas, me dirigí al centro del ring, al mismo tiempo que él avanzaba. Cada paso que daba acentuaban los vaivenes de la lámpara colgante. Mi entrenador y suturadora esperaban en mi esquina, uno con la toalla en la mano y la otra con aguja e hilo quirúrgico. Mejor no mirar a atrás. Llegó el momento del saludo, ofrecí mi cálida mano e intenté poner la mejor de mis sonrisas intentando ocultar el miedo escénico. Una gota de sudor frio recorría mi rostro, o dos. Fue entonces cuando despegó su mano derecha de su espalda y mis cojones volvieron a caer al suelo ante el panorama. ¡Dios mio, aquello no era una mano, era un muestrario de morcillas de Burgos!. Ni en un seminario de monjas había visto tanto callo junto. Los segundos pasaban y se hizo contacto al tiempo que recolocaba de nuevo mis pelotas con la mano izquierda. Sus labios, que parecían de esparto, empezaron a separarse y dijo “Hola”. Parecía soportable, sino fuera por la voz de ultratumba. “Brpbrpr tardes...” dije yo, esta vez los cojones no fueron al suelo, sino justo en la parte frontal de mi garganta. Nuestras manos se separaron y Manolo se sentó lentamente en su trono, la butaca-mecedora frente al Telefunken pantalla extracurva. Ahí terminó todo. Ganador por K.O. técnico, Manolo.
En fin, el tiempo ha pasado, nos hemos ido conociendo y ya hasta me resulta entrañable, me deja que le de collejas de vez en cuando al tiempo que me recuerda todos los años que se acerca la Semana Santa y que me van a crucificar (por mi según él parecido a Cristo). Yo le saco vuelos baratos por internet y el me resuelve alguna que otra chapuza casera. Somos distintos, pensamos de distinta forma, pero eso no hace que no brindemos con una buena copa de vino y ante un suculento plato de los montes hasta el fin de los tiempos. Por eso valoro y doy tanta importancia al tener amigos a tutiplén, porque cada uno de ellos te enseña algo que desconoces. Tomen nota.
lunes, enero 08, 2007
De Rodriguez.
Si hay algo que un recien destetado desea en el comienzo de la vida en pareja, es estar sin pareja. O en su defecto, realizar actividades en plan "llanero solitario". Con el ambiente navideño y tal me viene a la mente uno de estos seminarios que consiguen recargarme las pilas y aguantar el tortuoso martilleo constante al que el hombre está sometido al compartir su vida con otra persona del otro sexo (quizás por ello haya tanto gay).
El seminario en cuestión duró 5 dias. 5 dias como cinco soles en Sierra Nevada, con curso de esquí incluído. Alojados en un hostalete de puta madre y la compañía de dos grandes amigos, River Phoenix (al que sin duda dedicaré un capítulo entero proximamente, singular personaje que sin duda lo merece) y el Osito Filósofo.
Aparte de las juergas inherentes a la situación de soltería, hubo deporte. Allí estaba yo, abrigado hasta las cejas, con ropa prestada, unos esquies y fumando un cigarrito mientras avanzábamos hasta la cima de la montaña. Con dos cojones. River Phoenix a mi lado, oteando el horizonte con su particular rostro, con su boca entreabierta y comentando que tendría que haber alquilado las botas que se probó primero porque las que lleva le rozan. Resoplaba cabizbajo.
Lo primero que hay que aprender del esquí se resume en una frase: ES UN PUTO DEPORTE DE RIESGO.
Es acojonante, te plantas los esquies por primera vez y te sientes la cosa mas torpe que ha pario madre. Encima servidor tiene dos patas de metro y medio cada una (bueno, tres). La sensación de ridículo es mayúscula. Súmale un bastón en cada mano, esas manos insensibilizadas por los guantes y además con gorro, gafas, bragas militares, chaqueton del 15... en fin, medio Decathlon en lo alto. Coger un cigarro del bolsillo y encenderlo lleva unos 3/4 de hora.
El poner los esquies paralelos y "moverte" se lleva una horita de tu tiempo y en los primeros pasos te daras cuenta de que la television engaña: LA NIEVE ESTA DURA Y DUELE.
Consejo fundamental: HAY QUE ESTAR EN FORMA (tampoco en plan Carl Lewis, pero vaya, la semana antes hazte unas sentadillas, flexiones y demás), esquiar cansa, mas que nada porque mantener el equilibrio y los esquies paralelos es un mundo para tus piernas y en especial para tus rodillas.
Una vez aprendes a hacer "la cuña" (frenar para que me entiendas) toca girar. El primer giro es algo asi como hechar un polvo, como no le metas caña puedes tardar 18 años en hacer el primero. Si quieres ir a la derecha tendras que mover el talon izquierdo. Si quieres ir a la izquierda, el derecho... el sistema funciona al revés, como las mujeres.
Tras un par de ostias medio flojas llega el turno de lanzarse por alguna pista (las verdes son las fáciles) , así que llegarás a ese invento sataniano llamado telesilla. Subir es mas o menos fácil, te pones de espaldas medio acojonao y llega un sillón que te encula por detrás. Una vez arriba, hay que bajarse. Es ahí cuando te pegaras la primera ostia de cojones delante de unas 50 personas. Tomatelo con filosofia, todo cristo se cae y todo cristo te ayuda. Tras cuatro o cinco intentos descubres el truco, hay que levantarse, hechar la polla palante y dejarse llevar.
Y ahora, a bajar, una sensación que hasta ahora no has conocido te invade cuando coges algo de velocidad, te sientes solo pero estás rodeado de 2000 personas, esquiador por aquí, esquiador por allá, ostia por aquí, ostia por allá, el River cruzándose a dos metros de ti por joder... el aire en la cara congelandote los moquillos. Ah! se me olvidaba, en el descenso, como cruces las puntas de los esquies... ¡ostia segura! y como sea caida chunga, para la enfermería directo. Ese fué el caso de Osito, pobre. Si notas que vas a pegar la ostia, hay un "truco", agacharse como si fueras a poner un huevo y tirarse para un lao. Si estás en medio del tipico balanceo que al final termina en ostia (similar a bicicleta con 8 años cuesta abajo sin manos) nunca pienses: "ah, voy a mover este pie hacia acá a lo Ochoa y me enderezo fijo", craso error amigo mio. Si notas que te vas a caer, o te tiras, o acabarás peor.
Bueno, lo pongo un poco negro pero la verdad es que al final del dia ya uno baja las pistas con cierta soltura y se disfruta de la ostia. En tres o cuatro días ya puede uno caerse por las pistas de nivel medio. Entoncés te confiarás y empezarás a coger velocidad, te meterás en el papel de Alberto Tomba e inevitablemente te darás otra ostia, pero en esta volarás unos cuantos metros, las gafas tomarán vida propia y desaparecerán de su sitio. Aun así, no hay que ir con miedo, eso es lo peor que puedes hacer.
Y ahora llegan las 5 de la tarde (las pistas abren a las 9). Las botas de esquies te habrán destrozado los pies, te tumbas en la cama, entras en estdo catatónico, te levantas para cenar y ala, de marcha. La marcha en Sierra Nevada es curiosa, es algo así como South Park, todos con sus abrigos por la calle, niñatos nacidos de ejecutivos con sus polares marca oneill, okupas de casas del Limonar (barrio de gente adinerada malagueño)... y música House.
En fin, que repetiremos el tema. Eso si, pillate una buena oferta en una agencia de viajes o pidele dinero a papá, o sea, ¿sabes?.
El seminario en cuestión duró 5 dias. 5 dias como cinco soles en Sierra Nevada, con curso de esquí incluído. Alojados en un hostalete de puta madre y la compañía de dos grandes amigos, River Phoenix (al que sin duda dedicaré un capítulo entero proximamente, singular personaje que sin duda lo merece) y el Osito Filósofo.
Aparte de las juergas inherentes a la situación de soltería, hubo deporte. Allí estaba yo, abrigado hasta las cejas, con ropa prestada, unos esquies y fumando un cigarrito mientras avanzábamos hasta la cima de la montaña. Con dos cojones. River Phoenix a mi lado, oteando el horizonte con su particular rostro, con su boca entreabierta y comentando que tendría que haber alquilado las botas que se probó primero porque las que lleva le rozan. Resoplaba cabizbajo.
Lo primero que hay que aprender del esquí se resume en una frase: ES UN PUTO DEPORTE DE RIESGO.
Es acojonante, te plantas los esquies por primera vez y te sientes la cosa mas torpe que ha pario madre. Encima servidor tiene dos patas de metro y medio cada una (bueno, tres). La sensación de ridículo es mayúscula. Súmale un bastón en cada mano, esas manos insensibilizadas por los guantes y además con gorro, gafas, bragas militares, chaqueton del 15... en fin, medio Decathlon en lo alto. Coger un cigarro del bolsillo y encenderlo lleva unos 3/4 de hora.
El poner los esquies paralelos y "moverte" se lleva una horita de tu tiempo y en los primeros pasos te daras cuenta de que la television engaña: LA NIEVE ESTA DURA Y DUELE.
Consejo fundamental: HAY QUE ESTAR EN FORMA (tampoco en plan Carl Lewis, pero vaya, la semana antes hazte unas sentadillas, flexiones y demás), esquiar cansa, mas que nada porque mantener el equilibrio y los esquies paralelos es un mundo para tus piernas y en especial para tus rodillas.
Una vez aprendes a hacer "la cuña" (frenar para que me entiendas) toca girar. El primer giro es algo asi como hechar un polvo, como no le metas caña puedes tardar 18 años en hacer el primero. Si quieres ir a la derecha tendras que mover el talon izquierdo. Si quieres ir a la izquierda, el derecho... el sistema funciona al revés, como las mujeres.
Tras un par de ostias medio flojas llega el turno de lanzarse por alguna pista (las verdes son las fáciles) , así que llegarás a ese invento sataniano llamado telesilla. Subir es mas o menos fácil, te pones de espaldas medio acojonao y llega un sillón que te encula por detrás. Una vez arriba, hay que bajarse. Es ahí cuando te pegaras la primera ostia de cojones delante de unas 50 personas. Tomatelo con filosofia, todo cristo se cae y todo cristo te ayuda. Tras cuatro o cinco intentos descubres el truco, hay que levantarse, hechar la polla palante y dejarse llevar.
Y ahora, a bajar, una sensación que hasta ahora no has conocido te invade cuando coges algo de velocidad, te sientes solo pero estás rodeado de 2000 personas, esquiador por aquí, esquiador por allá, ostia por aquí, ostia por allá, el River cruzándose a dos metros de ti por joder... el aire en la cara congelandote los moquillos. Ah! se me olvidaba, en el descenso, como cruces las puntas de los esquies... ¡ostia segura! y como sea caida chunga, para la enfermería directo. Ese fué el caso de Osito, pobre. Si notas que vas a pegar la ostia, hay un "truco", agacharse como si fueras a poner un huevo y tirarse para un lao. Si estás en medio del tipico balanceo que al final termina en ostia (similar a bicicleta con 8 años cuesta abajo sin manos) nunca pienses: "ah, voy a mover este pie hacia acá a lo Ochoa y me enderezo fijo", craso error amigo mio. Si notas que te vas a caer, o te tiras, o acabarás peor.
Bueno, lo pongo un poco negro pero la verdad es que al final del dia ya uno baja las pistas con cierta soltura y se disfruta de la ostia. En tres o cuatro días ya puede uno caerse por las pistas de nivel medio. Entoncés te confiarás y empezarás a coger velocidad, te meterás en el papel de Alberto Tomba e inevitablemente te darás otra ostia, pero en esta volarás unos cuantos metros, las gafas tomarán vida propia y desaparecerán de su sitio. Aun así, no hay que ir con miedo, eso es lo peor que puedes hacer.
Y ahora llegan las 5 de la tarde (las pistas abren a las 9). Las botas de esquies te habrán destrozado los pies, te tumbas en la cama, entras en estdo catatónico, te levantas para cenar y ala, de marcha. La marcha en Sierra Nevada es curiosa, es algo así como South Park, todos con sus abrigos por la calle, niñatos nacidos de ejecutivos con sus polares marca oneill, okupas de casas del Limonar (barrio de gente adinerada malagueño)... y música House.
En fin, que repetiremos el tema. Eso si, pillate una buena oferta en una agencia de viajes o pidele dinero a papá, o sea, ¿sabes?.
martes, enero 02, 2007
Feliz año (o eso dicen...)
Mi ácido úrico y yo os deseamos lo mejor para este 2007, es decir, mucho dinero.
Ya volveremos por aquí cuando termine este simulacro nacional de paz y amor. Una vez que el Corte Inglés quite las putas lucecitas volveremos a la vida real. Disfrutad del momento.
Ale.
Ya volveremos por aquí cuando termine este simulacro nacional de paz y amor. Una vez que el Corte Inglés quite las putas lucecitas volveremos a la vida real. Disfrutad del momento.
Ale.
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