El otro día tocó comida con el suegro, - ¡¡¡tachaaaaaaaaaaan!!! - que nos deleitó con una de sus visitas esporádicas. Si hay un nombre perfecto para mi suegro, ese es Manolo. Me viene a la cabeza el día que nos conocimos. La presentación oficial del novio de la niña a la familia. Si la familia es de pueblo la cosa se convierte en ceremonia rozando el ritual.
Yo iba decidido a su casa, sin saber quién me esperaría al otro lado del ring. Decidido, pero a la vez con ese hormigueo en la zona estomacal similar al que produce el primer desamor. Mi pelo largo, pendiente en la oreja izquierda, botas militares negras y vestimenta propia de los últimos coletazos de la moda grunge. Una pareja de amigos me acompañaban, mi entrenador El Pepe y la suturadora de heridas, La Coronela. “Animo! este combate es tuyo, no olvides el gancho de derecha!” – me gritaban – “¡Eres el mejor!”. La verdad que conforme pasaba el tiempo, crecía el hormigueo.
Llegamos al ring. Aún caminaba hacia mi esquina cuando mi cuñada, La Woman Proper, cogió el micrófono y anunció mi entrada a los cuatro vientos:
“Con un peso de 80 kilos, pálido y con cara descompuestaaaaaaaaaaaa, el novio de la Sargentaaaaaaaa”.
Allí estaba yo, en mi esquina, sentadito y tapadito con las faldas de una mesa camilla, brasero incluido. De repente apareció mi contrincante. Yo iba relativamente preparado para lo peor, había entrenado duramente las pasadas semanas, pensando en la inminente llegada del momento y me sentía preparado física y psicológicamente, pero cuando vislumbré lo que iba a cruzar las cuerdas del ring, mis cojones cayeron al suelo. Su aspecto era aterrador, bajito pero recio, piel con la misma textura que la corteza de un roble, curtida por el mismo sol que mantenía fuertes los olivares de la zona. La vestimenta no era precisamente pájaro de buen agüero. Pantalones de pana color ocre, camisa a cuadros, rebeca verde olivar y un calzado con el que podría cruzar los Alpes sin apenas despeinarse. En su esquina y bien a la vista, una escopeta de cartuchos aún humeante, cinco conejos y tres perdices, que precisamente no corrían ni revoloteaban. Conforme entraba al ring, su mirada, que apuntaba al suelo inicialmente, fue alzándose, al mismo tiempo que su semblante tomaba matices sádicos, hasta que alcanzó mis ojos. Fue entonces cuando un afilado cuchillo de carnicero cortó mi ser por la mitad y una ráfaga de aire congelado me secó mis fosas nasales. Todas las puertas de la casa se cerraron de golpe estrepitósamente. Allí estabamos y no había marcha atrás. Una mezcla entre Frodo Bolson y Paco Martinez Soria cabreado y yo. No había color.
Hechas las presentaciones por parte de La Sargenta y habiendo recogido y enfundado mis pelotas, me dirigí al centro del ring, al mismo tiempo que él avanzaba. Cada paso que daba acentuaban los vaivenes de la lámpara colgante. Mi entrenador y suturadora esperaban en mi esquina, uno con la toalla en la mano y la otra con aguja e hilo quirúrgico. Mejor no mirar a atrás. Llegó el momento del saludo, ofrecí mi cálida mano e intenté poner la mejor de mis sonrisas intentando ocultar el miedo escénico. Una gota de sudor frio recorría mi rostro, o dos. Fue entonces cuando despegó su mano derecha de su espalda y mis cojones volvieron a caer al suelo ante el panorama. ¡Dios mio, aquello no era una mano, era un muestrario de morcillas de Burgos!. Ni en un seminario de monjas había visto tanto callo junto. Los segundos pasaban y se hizo contacto al tiempo que recolocaba de nuevo mis pelotas con la mano izquierda. Sus labios, que parecían de esparto, empezaron a separarse y dijo “Hola”. Parecía soportable, sino fuera por la voz de ultratumba. “Brpbrpr tardes...” dije yo, esta vez los cojones no fueron al suelo, sino justo en la parte frontal de mi garganta. Nuestras manos se separaron y Manolo se sentó lentamente en su trono, la butaca-mecedora frente al Telefunken pantalla extracurva. Ahí terminó todo. Ganador por K.O. técnico, Manolo.
En fin, el tiempo ha pasado, nos hemos ido conociendo y ya hasta me resulta entrañable, me deja que le de collejas de vez en cuando al tiempo que me recuerda todos los años que se acerca la Semana Santa y que me van a crucificar (por mi según él parecido a Cristo). Yo le saco vuelos baratos por internet y el me resuelve alguna que otra chapuza casera. Somos distintos, pensamos de distinta forma, pero eso no hace que no brindemos con una buena copa de vino y ante un suculento plato de los montes hasta el fin de los tiempos. Por eso valoro y doy tanta importancia al tener amigos a tutiplén, porque cada uno de ellos te enseña algo que desconoces. Tomen nota.
martes, enero 23, 2007
lunes, enero 08, 2007
De Rodriguez.
Si hay algo que un recien destetado desea en el comienzo de la vida en pareja, es estar sin pareja. O en su defecto, realizar actividades en plan "llanero solitario". Con el ambiente navideño y tal me viene a la mente uno de estos seminarios que consiguen recargarme las pilas y aguantar el tortuoso martilleo constante al que el hombre está sometido al compartir su vida con otra persona del otro sexo (quizás por ello haya tanto gay).
El seminario en cuestión duró 5 dias. 5 dias como cinco soles en Sierra Nevada, con curso de esquí incluído. Alojados en un hostalete de puta madre y la compañía de dos grandes amigos, River Phoenix (al que sin duda dedicaré un capítulo entero proximamente, singular personaje que sin duda lo merece) y el Osito Filósofo.
Aparte de las juergas inherentes a la situación de soltería, hubo deporte. Allí estaba yo, abrigado hasta las cejas, con ropa prestada, unos esquies y fumando un cigarrito mientras avanzábamos hasta la cima de la montaña. Con dos cojones. River Phoenix a mi lado, oteando el horizonte con su particular rostro, con su boca entreabierta y comentando que tendría que haber alquilado las botas que se probó primero porque las que lleva le rozan. Resoplaba cabizbajo.
Lo primero que hay que aprender del esquí se resume en una frase: ES UN PUTO DEPORTE DE RIESGO.
Es acojonante, te plantas los esquies por primera vez y te sientes la cosa mas torpe que ha pario madre. Encima servidor tiene dos patas de metro y medio cada una (bueno, tres). La sensación de ridículo es mayúscula. Súmale un bastón en cada mano, esas manos insensibilizadas por los guantes y además con gorro, gafas, bragas militares, chaqueton del 15... en fin, medio Decathlon en lo alto. Coger un cigarro del bolsillo y encenderlo lleva unos 3/4 de hora.
El poner los esquies paralelos y "moverte" se lleva una horita de tu tiempo y en los primeros pasos te daras cuenta de que la television engaña: LA NIEVE ESTA DURA Y DUELE.
Consejo fundamental: HAY QUE ESTAR EN FORMA (tampoco en plan Carl Lewis, pero vaya, la semana antes hazte unas sentadillas, flexiones y demás), esquiar cansa, mas que nada porque mantener el equilibrio y los esquies paralelos es un mundo para tus piernas y en especial para tus rodillas.
Una vez aprendes a hacer "la cuña" (frenar para que me entiendas) toca girar. El primer giro es algo asi como hechar un polvo, como no le metas caña puedes tardar 18 años en hacer el primero. Si quieres ir a la derecha tendras que mover el talon izquierdo. Si quieres ir a la izquierda, el derecho... el sistema funciona al revés, como las mujeres.
Tras un par de ostias medio flojas llega el turno de lanzarse por alguna pista (las verdes son las fáciles) , así que llegarás a ese invento sataniano llamado telesilla. Subir es mas o menos fácil, te pones de espaldas medio acojonao y llega un sillón que te encula por detrás. Una vez arriba, hay que bajarse. Es ahí cuando te pegaras la primera ostia de cojones delante de unas 50 personas. Tomatelo con filosofia, todo cristo se cae y todo cristo te ayuda. Tras cuatro o cinco intentos descubres el truco, hay que levantarse, hechar la polla palante y dejarse llevar.
Y ahora, a bajar, una sensación que hasta ahora no has conocido te invade cuando coges algo de velocidad, te sientes solo pero estás rodeado de 2000 personas, esquiador por aquí, esquiador por allá, ostia por aquí, ostia por allá, el River cruzándose a dos metros de ti por joder... el aire en la cara congelandote los moquillos. Ah! se me olvidaba, en el descenso, como cruces las puntas de los esquies... ¡ostia segura! y como sea caida chunga, para la enfermería directo. Ese fué el caso de Osito, pobre. Si notas que vas a pegar la ostia, hay un "truco", agacharse como si fueras a poner un huevo y tirarse para un lao. Si estás en medio del tipico balanceo que al final termina en ostia (similar a bicicleta con 8 años cuesta abajo sin manos) nunca pienses: "ah, voy a mover este pie hacia acá a lo Ochoa y me enderezo fijo", craso error amigo mio. Si notas que te vas a caer, o te tiras, o acabarás peor.
Bueno, lo pongo un poco negro pero la verdad es que al final del dia ya uno baja las pistas con cierta soltura y se disfruta de la ostia. En tres o cuatro días ya puede uno caerse por las pistas de nivel medio. Entoncés te confiarás y empezarás a coger velocidad, te meterás en el papel de Alberto Tomba e inevitablemente te darás otra ostia, pero en esta volarás unos cuantos metros, las gafas tomarán vida propia y desaparecerán de su sitio. Aun así, no hay que ir con miedo, eso es lo peor que puedes hacer.
Y ahora llegan las 5 de la tarde (las pistas abren a las 9). Las botas de esquies te habrán destrozado los pies, te tumbas en la cama, entras en estdo catatónico, te levantas para cenar y ala, de marcha. La marcha en Sierra Nevada es curiosa, es algo así como South Park, todos con sus abrigos por la calle, niñatos nacidos de ejecutivos con sus polares marca oneill, okupas de casas del Limonar (barrio de gente adinerada malagueño)... y música House.
En fin, que repetiremos el tema. Eso si, pillate una buena oferta en una agencia de viajes o pidele dinero a papá, o sea, ¿sabes?.
El seminario en cuestión duró 5 dias. 5 dias como cinco soles en Sierra Nevada, con curso de esquí incluído. Alojados en un hostalete de puta madre y la compañía de dos grandes amigos, River Phoenix (al que sin duda dedicaré un capítulo entero proximamente, singular personaje que sin duda lo merece) y el Osito Filósofo.
Aparte de las juergas inherentes a la situación de soltería, hubo deporte. Allí estaba yo, abrigado hasta las cejas, con ropa prestada, unos esquies y fumando un cigarrito mientras avanzábamos hasta la cima de la montaña. Con dos cojones. River Phoenix a mi lado, oteando el horizonte con su particular rostro, con su boca entreabierta y comentando que tendría que haber alquilado las botas que se probó primero porque las que lleva le rozan. Resoplaba cabizbajo.
Lo primero que hay que aprender del esquí se resume en una frase: ES UN PUTO DEPORTE DE RIESGO.
Es acojonante, te plantas los esquies por primera vez y te sientes la cosa mas torpe que ha pario madre. Encima servidor tiene dos patas de metro y medio cada una (bueno, tres). La sensación de ridículo es mayúscula. Súmale un bastón en cada mano, esas manos insensibilizadas por los guantes y además con gorro, gafas, bragas militares, chaqueton del 15... en fin, medio Decathlon en lo alto. Coger un cigarro del bolsillo y encenderlo lleva unos 3/4 de hora.
El poner los esquies paralelos y "moverte" se lleva una horita de tu tiempo y en los primeros pasos te daras cuenta de que la television engaña: LA NIEVE ESTA DURA Y DUELE.
Consejo fundamental: HAY QUE ESTAR EN FORMA (tampoco en plan Carl Lewis, pero vaya, la semana antes hazte unas sentadillas, flexiones y demás), esquiar cansa, mas que nada porque mantener el equilibrio y los esquies paralelos es un mundo para tus piernas y en especial para tus rodillas.
Una vez aprendes a hacer "la cuña" (frenar para que me entiendas) toca girar. El primer giro es algo asi como hechar un polvo, como no le metas caña puedes tardar 18 años en hacer el primero. Si quieres ir a la derecha tendras que mover el talon izquierdo. Si quieres ir a la izquierda, el derecho... el sistema funciona al revés, como las mujeres.
Tras un par de ostias medio flojas llega el turno de lanzarse por alguna pista (las verdes son las fáciles) , así que llegarás a ese invento sataniano llamado telesilla. Subir es mas o menos fácil, te pones de espaldas medio acojonao y llega un sillón que te encula por detrás. Una vez arriba, hay que bajarse. Es ahí cuando te pegaras la primera ostia de cojones delante de unas 50 personas. Tomatelo con filosofia, todo cristo se cae y todo cristo te ayuda. Tras cuatro o cinco intentos descubres el truco, hay que levantarse, hechar la polla palante y dejarse llevar.
Y ahora, a bajar, una sensación que hasta ahora no has conocido te invade cuando coges algo de velocidad, te sientes solo pero estás rodeado de 2000 personas, esquiador por aquí, esquiador por allá, ostia por aquí, ostia por allá, el River cruzándose a dos metros de ti por joder... el aire en la cara congelandote los moquillos. Ah! se me olvidaba, en el descenso, como cruces las puntas de los esquies... ¡ostia segura! y como sea caida chunga, para la enfermería directo. Ese fué el caso de Osito, pobre. Si notas que vas a pegar la ostia, hay un "truco", agacharse como si fueras a poner un huevo y tirarse para un lao. Si estás en medio del tipico balanceo que al final termina en ostia (similar a bicicleta con 8 años cuesta abajo sin manos) nunca pienses: "ah, voy a mover este pie hacia acá a lo Ochoa y me enderezo fijo", craso error amigo mio. Si notas que te vas a caer, o te tiras, o acabarás peor.
Bueno, lo pongo un poco negro pero la verdad es que al final del dia ya uno baja las pistas con cierta soltura y se disfruta de la ostia. En tres o cuatro días ya puede uno caerse por las pistas de nivel medio. Entoncés te confiarás y empezarás a coger velocidad, te meterás en el papel de Alberto Tomba e inevitablemente te darás otra ostia, pero en esta volarás unos cuantos metros, las gafas tomarán vida propia y desaparecerán de su sitio. Aun así, no hay que ir con miedo, eso es lo peor que puedes hacer.
Y ahora llegan las 5 de la tarde (las pistas abren a las 9). Las botas de esquies te habrán destrozado los pies, te tumbas en la cama, entras en estdo catatónico, te levantas para cenar y ala, de marcha. La marcha en Sierra Nevada es curiosa, es algo así como South Park, todos con sus abrigos por la calle, niñatos nacidos de ejecutivos con sus polares marca oneill, okupas de casas del Limonar (barrio de gente adinerada malagueño)... y música House.
En fin, que repetiremos el tema. Eso si, pillate una buena oferta en una agencia de viajes o pidele dinero a papá, o sea, ¿sabes?.
martes, enero 02, 2007
Feliz año (o eso dicen...)
Mi ácido úrico y yo os deseamos lo mejor para este 2007, es decir, mucho dinero.
Ya volveremos por aquí cuando termine este simulacro nacional de paz y amor. Una vez que el Corte Inglés quite las putas lucecitas volveremos a la vida real. Disfrutad del momento.
Ale.
Ya volveremos por aquí cuando termine este simulacro nacional de paz y amor. Una vez que el Corte Inglés quite las putas lucecitas volveremos a la vida real. Disfrutad del momento.
Ale.
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