jueves, marzo 15, 2007

El Pepe, La Coronela y El Chuletón

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Indiscutible. Si no fuera así viviriamos en una isla desierta, desayunando mojitos, comiendo chuletones de buey y cenando caipiriñas. El resto del tiempo lo pasaríamos jugando al mus o tumbados a la bartola, con una mano en la teta mas cercana y la otra rascándonos los cojones hasta que brotase sangre. Como tropezamos las veces que hagan falta, nos hipotecamos, pagamos los sabados noche y vamos una vez por semana a comprar al Metadona.

Esto no es más que una simple reflexión totalmente subjetiva, puede que alguno, o mas bien alguna, se sienta dolida. Que no se preocupe, que yo también tropezaré. Simplemente suelo mirar donde voy a pisar antes de hacerlo, pero algún dia me temo que bajaré la guardía.

Aspeceras aparte, vayamos al grano del tema que nos ocupa. El comportamiento y conducta de las parientas en reuniones con otras parientas. El otro dia me llamó mi querido amigo El Pepe. Me notificó la programación del disfrute de diversas viandas, incluido chuletón de buey, en su casa. Disfrutaríamos del correspondiente partido liguero y luego, una vez cargados de whisky, o en su defecto Ron, nos pegariamos unos flamantes guitarreos en el Guitar Hero. Cuando en una conversación por teléfono con El Pepe se juntan las palabras “Futbol”, “Buey” y “Guitar Hero” la respuesta es obvia: “Voy pallá!”.

Preliminares. Al acto acudíamos Job y yo acompañados de las respectivas. Ambos sin afeitar para variar, esperando el acicalamiento de La Parienta y La Woman Proper, el futbol a medio empezar. Una decorándose los ojos a medio palmo del espejo, se ve que ha perdido práctica de sociabilizarse tan poco, y la otra enfundándose en unos pantalones que se compró años atrás. ¿Habéis probado alguna vez sacar el plástico de un paquete de tabaco y luego volverlo a poner? Pues aquello era algo parecido. Finalmente botamos el barco rumbo al más allá.

La llegada. El Pepe y yo nos conocemos desde tiempos inmemoriables a fondo, con sólo mirarnos se si se ha ido de varilla y él sabe si algo no me gusta. Job lo conoce mas recientemente, pero en el momento saltó la chispa adecuada entre ellos. La forma de saludarnos es la propia entre colegas, alternando cara de burla y golpes en la espalda nos piropeamos mutuamente:

- “¿Qué pacha maricona? Buen pelado tas dao Camilo Sexto.”.
- “¿Qué pasa hijoputa?, estas mas gordo, cabrón, a priori, eso sí”.
- “¡Viva el Capello! ¿Has escuchao Radio Marca? Jajajaja ¿Dónde está el vino?”

Las parientas se reparten besos por doquier, siguiendo un protocolo mas formal:

- "Hoooola guapetonaaaas!"
- "¿Que tal estás? Que camiseta mas chula ¿Es de Zara?"
- "¿Que te has hecho en el pelo? Me gusta mucho".

Tras El Pepe, aparece La Coronela, a la que presentamos nuestros respetos educadamente. Hago un parentesis para hacer otra reflexión:

Desde la adolescencia, uno hace innumerables amigos. Llega un fin de semana y se reciben decenas de llamadas y se tienen más de cinco opciones en las que gastar el tiempo y divertirse. Esto hace de nosotros y los que nos rodean, una tribu, una comuna donde todo es de todos y todos estamos para todos. Reina la armonía y la paz. Pero de repente, alguien aparece por el horizonte, los conquistadores españoles con grandes caballos, armas y lo que es peor, faldas. Hernánda Cortes y Francisca Pizarro. Tratan de invadirnos, de quitarnos lo nuestro, lo que tanto tiempo nos costó conseguir, nuestras tierras, nuestra ideología y lo que es peor, nuestra forma de vivir. Nos dividen, nos separan y, no sin innumerables bajas, algunos logramos sobrevivir, y aunque en gran medida nos adaptamos a sus costumbres, seguimos manteniendo en el corazón el recuerdo de tiempos mejores. La Coronela, gracias a dios, es una de esas excepciones que confirman la regla. Es Kevin Costner en Bailando con Lobos. Se adapta. Tiene un par de cojones mas grandes que los mios, pero se adapta.

La cena. Allí aparece el Pepe con una piedra de dos fogones, el chuletón troceado, platos de embutidos varios, un par de botellas de rioja... y La Coronela en el sofá, que arte tiene la jodía. Tengo entendido que tiene los mismos conocimientos de cocina que Sofía Mazagatos de Física Cuántica, igual su especialidad es el pan con nocilla, sin tostar. Bueno, creo que los potitos de la niña sabe calentarlos, por algo se empieza. Lo demás lo típico, Job, El Pepe y servidor discutiendo la alineación del Madrid y lo bueno que está el chuletón. Las parientas criticando a alguna amiga de antaño. Todo perfecto. No hay más que mirar alrededor para darse cuenta:

- Job: se le pronuncian los mofletes, sonrie y se le entornan los ojos.
- El Pepe: se pone recto en el taburete, se rie, dobla la mandíbula y se frota la barriga. Si suelta la frase “¿No vea no?” es que la cosa va viento en popa.
- La Coronela: sube las piernas al sofa, las pliega, se las tapa con una mantita y cuando se rie da la impresión de que de un momento a otro el vecino va a bajar a liarla.
- La Sargenta y Woman Proper: el mismo patrón, al ser gemelas... no paran de hablar de cualquier cosa con la sonrisa de oreja a oreja y gesticulando con las manos.

En fin, tras un intenso cubateo y unos guitarreos ponemos rumbo al hogar, las parientas dormidas en el coche y Job y yo celebrando que el Madrid ha vuelto a perder.

A veces la vida es maravillosa.

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