Os pongo en situación. Doce de la noche, bajo la persiana mientras maldigo a los dioses por tener que levantarme a las siete de la mañana otra vez para ir a trabajar. La última colilla de cigarro aún humea en el cenicero de mi derecha. Me relamo gustosamente el labio superior, aún húmedo del último sorbo del vaso de leche nocturno de rigor. Acomodo mi oreja izquierda en la almohada mientras con la mano derecha tapo mi hombro con las mantas. Cierro los ojos, peillo de buenas noches y suspiro. Justo antes de entrar en trance escucho un simpático mosquito revolotear por mi oreja. No hay cosa que me joda más en esta vida.
Por desgracia para el hombre, los mosquitos no solo molestan en verano. El resto del año también los sufrimos. Pero éstos no hacen su vida social por la noche, estos abren 24 horas y parece que cobren por comisión porque no descansan ni para comer. En mi caso éste es su protocolo:
Siete y diez de la mañana. El mosquito abre la persiana y me susurra al oido dulcemente “¡Joder nene!, el despertador ha sonado 2 veces ya! ¡Levántate!”.
Tres de la tarde. Asomo por la puerta de casa y el mosquito me ronda la cabeza, su revoloteo parece decir “¡Mira que te he dicho veces que la toalla la pongas en el tendedero cuando te duches!”.
Tres y media de la tarde. Tras un agotador dia laboral me dispongo a disfrutar de unas viandas. Justo antes de tomar la primera cucharada de sopa, con la boca entreabierta, el mosquito vuelve a pasar: “Ahora después friegas los platos antes de tumbarte en el sofa que te conozco”.
Cuatro y media de la tarde. Me voy al cuarto, enciendo el ordenador para mirar el correo electrónico, introduzco usuario, contraseña y al darle al botón aceptar vuelve a aparecer nuestro protagonista “¿no iras a quedarte ahí toda la tarde no?” – parece que dice.
Cinco de la tarde. La hora del cafelito. Aprovechamos a ver si en el messenger vemos a alguien conocido por si planeamos algo. Nuestro simpático amigo vuelve a la carga: “no se como puedes estar ahí tanto tiempo. Hagamos algo divertido nene. ¿Vamos al centro comercial que me quiero comprar unos pantalones?”.
Nueve de la noche, mientras preparo una ensalada y unos piscolabis para ver el futbol a gusto, el mosquito aparece. Conforme se acerca la noche, el zumbido de sus alas cobra aún mas intensidad: “¡Uy!, hoy es miercoles, ¡Médico de Familia y Urgencias!”.
Doce de la noche, otro día para olvidar, nada especial. Bajo la persiana mientras maldigo a los dioses... ¿Esto ya lo dije antes, no? En fin, el bicho hace su último, y no por ello menos despreciable, acto de presencia: “Nene un besito, por cierto, mañana sabado comemos con mi familia así que no hagas planes”.
¿Alguien tiene un bote de RAID?
viernes, marzo 30, 2007
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